Flor de sacuanjoche

Flor de sacuanjoche
Flor de sacuanjoche-Flor nacional de Nicaragua
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jueves, 27 de septiembre de 2018


Qué me importa ya el mundo
si he llegado por fin hasta tu casa, me has abierto la puerta
y está el fuego encendido,
qué me importa del mundo y de sus islas agraces,
de sus olas, de sus playas altivas,

qué me importa
de las noches eternas de Bagdad, de los balcones
colgados sobre el Sena y las cabañas del Nilo.

Dime tú qué países,
qué asombros,
qué armonías me pueden seducir si he contemplado el afecto y la belleza,
han pasado las lluvias y después
de tantos años tristes estabas tú esperándome.

No andaré más espacio que el que tus pies recorran,
no adoraré a otro dios
ni abrazaré otra fe que no presida el retablo de tus ojos:
el agua, el sol, la fronda de los árboles,
el antes y el después
serán contigo,
nada podrá turbar estos paisajes de agosto maduros de alegrías,
nadie sabrá esta música
ni el conjuro de duendes
ni el aroma de cisne que duele al abrazarnos.


.
Vicente Martín Martín
España, 1945-2012

Imagen tomada de Internet.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Acto de fe


Si sé que existe el mar
es porque escucho la angustia de los náufragos
y yo mismo soy náufrago,
si sé que existe el mar es porque existe la magia,
porque he visto el perfil de muchas islas,
pingüinos en el sur
y zambullirse en silencio a un cormorán.

Y sobre todo
yo sé que existe el mar porque lo he visto en tus ojos.

Como creo que hay Dios
porque le nombras.

.
Vicente Martín Martín, España (1945-2012)

martes, 18 de septiembre de 2012

Este banco de hierro que hoy acoge


Este banco de hierro que hoy acoge
como nieve de junio mis nostalgias
-y así oculta las suyas-,
este banco de hierro que ha contado
en ábacos de luna el parpadeo
de todas las estrellas y ha medido
en mercurios de fiebre los latidos
de recién estrenados corazones
hoy,
estos brazos del tiempo en que me aíslo
cada tarde escapándome de mí,
-no sé bien si de mí o de las veces
que no supe quién fui- hoy, quiere hablarme
del envés de la vida, de los días
que se ocultan detrás de los cipreses,
más allá del castaño y del arroyo
donde el parque no es parque y de las fuentes
mana zumo de arándanos.
Y me cuenta de trigos que no oyeron
cantar al molinero, de caminos
que acaban donde empiezan, de plegarias
que no hallaron un cielo y de las lágrimas
vertidas en la arena del desierto.
La vida –me recuerda- que hemos visto
pasar entre estos árboles, los besos,
las miradas, las manos apretadas,
los pequeños pecados, todo ello
no fue más que una cara del espejo,
una página a tinta que la lluvia
-triste oficio este oficio de la lluvia-
diluyó con el tiempo y ahora quedan
difuminadas sombras o ilegibles
renglones no sé sabe de qué historia.
Me dice –y es verdad que me lo creo-
que a mí me utilizaron,
que fui llama cuando hizo falta fuego,
para apagar el fuego me hice agua,
para pintar ocasos me hice noche,
que fui flecha en las manos del arquero,
que me usaron de piedra y me arrojaron
desde opuestas trincheras.
Y me queda
este azul que se hospeda entre mis ojos
-este azul despoblado- y esta muerte
que se aloja en el atrio de mis párpados
esperando a que nazca nuevamente
para vivir más muertes, para morir
otras resurrecciones que no tengan
billete reservado en ningún puerto.

Dime, banco de hierro, si lo sabes,
la edad que tiene el viento,
cuál es la edad exacta
para grabar mi nombre en su recuerdo.



Vicente Martín Martín
España (1945-2012)