Flor de sacuanjoche

Flor de sacuanjoche
Flor de sacuanjoche-Flor nacional de Nicaragua
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miércoles, 12 de mayo de 2010

Nueva tesis feminista.- Poema de Gioconda Belli






















¿Cómo decirte
hombre
que no te necesito?
No puedo cantar a la liberación femenina
si no te canto
y te invito a descubrir liberaciones conmigo.
No me gusta la gente que se engaña
diciendo que el amor no es necesario
-"témeles, yo le tiemblo"
Hay tanto nuevo que aprender,
hermosos cavernícolas que rescatar,
nuevas maneras de amar que aún no hemos inventado.
A nombre propio declaro
que me gusta saberme mujer
frente a un hombre que se sabe hombre,
que sé de ciencia cierta
que el amor
es mejor que las multi-vitaminas,
que la pareja humana
es el principio inevitable de la vida,
que por eso no quiero jamás liberarme del hombre;
lo amo
con todas sus debilidades
y me gusta compartir con su terquedad
todo este ancho mundo
donde ambos nos somos imprescindibles.
No quiero que me acusen de mujer tradicional
pero pueden acusarme
tantas como cuantas veces quieran
de mujer.


Gioconda Belli





Nota: La imagen fue tomada de internet.

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domingo, 8 de marzo de 2009

Canto al estrógeno .- Por Gioconda Belli




A todas mis hermanas, las mujeres del mundo, en su día.
.
Canto al estrógeno .
.

Todavía es el tiempo de la desigualdad
de la mirada torva, el grito y la mano alzada
el ojo de la mujer soporta y graba en sus pupilas
la iniquidad
¿de dónde llega esta violencia
a las costas de estos brazos
acostumbrados a la caricia y al acurruco?
¿Qué es lo que en nosotras despierta al lobo
que aún habita en las entrañas del hombre,
esa furia ciega que no detienen súplicas, razones
o la memoria del primer rostro acogiéndolos a la vida?

Nuestra belleza, la abundancia, la generosidad
de curvas y pechos,
la piel suave,
¿qué esconde en su frágil envoltura
que así provoca en ellos la saña y la muerte
la violación y el rapto?

Cantemos, hermanas, por quienes así
se pierden de nosotras
y no pueden consigo mismos
Los que temen el estrógeno de nuestras entrañas.

Crecemos.
Los vemos achicarse en su temor.
Nuestro instinto busca arrullarlos como niños
Ofrecerles el perdón de los adultos
No queremos más que midan su estatura
midiéndose con nuestra sumisión
No queremos que apuntalen su nombre
sobre nuestra obediencia.

Como si vieran llegar un ejército enemigo
se atrincheran en sus vanas certidumbres gastadas
Una marejada de embistes y golpes
lanzan contra nuestros reclamos
Hacen escarnio de nuestras luchas por decir basta
por plantarnos en el suelo
y enderezar la espalda.

En tanto nosotras avanzamos como un río
las hormonas encontrando su cauce
Somos el agua fuerte
que se sacude las lágrimas inútiles
y se despoja del cansancio de llorar.
Ya miles hemos alcanzado la costa
Nos contamos por centenares
Descalzas, dejamos nuestras huellas en la arena
nos tomamos el territorio negado.

Ahora venimos a la vida con el desafío y la desobediencia en la boca
Rechazamos los mandamientos
con que en nombre del amor y el parto nos sometieron.
Anfibias
a contracorriente entre el agua y la tierra
mucho tiempo ya nos ocultamos
en las grutas quietas
de la domesticidad y el silencio
Pero aún con el agua al cuello
no nos ahogamos.

Ahora nos alzamos con caballitos de mar en las manos
Cantando y vociferando
Deshaciendo gozosas
el muro que alzaron para separarnos.

Cantemos hermanas
No paremos de cantar
Sea su violencia la prueba final de nuestro avance
cicatriz guardada en nuestra múltiple piel

Las sirenas han recuperado las piernas.
Andaremos, andaremos, andaremos
Lavaremos el mundo
con el agua viva
de nuestra dulce, redentora, tenaz,
mansedumbre

Para sanarlo
Para que sobrevivamos.
.

Gioconda Belli
8 de Marzo, 2009

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jueves, 3 de julio de 2008

Retrato de Dora María con candil. Poema de Gioconda Belli

Cuánto me alegra que, a pelo de la muerte,
esta mujer escogiera no morirse.
Me era imposible imaginar
la reunión sin ellasin su voz extendiendo la mano a la ironíao alargándose hacía mí
tras el encuentro casual,contenta sin decirlo,
como quien no quiere la cosa,
como quien no termina de creer que se la quieresin querer nada de ella.

Espero que no le quepa ya duda.
Trece largos días sin más alimento que sal a puñados y agua
bajo el inclemente sol de una Managua invernal
castigada por diluvios crepusculares,
y, sin embargo, nunca estuvo tan alimentada
de manos saludándola
y ojos que le rendían sus ocultos sombreros.

La delgada mujer irradiando la estirpe
de cuando la vimos por primera vez en las fotos:
boina y pañuelo rojinegro al cuello,
grácil el movimiento
-una bailarina de la liberación nacional
con los pies bien puestos sobre la tierra-
sus ojos sin sombra de duda
la voz bien asentada y proyectada
desde una garganta
sin estorbos entre la conciencia y el corazón.

Ni la mitad de la vida, ni las canas
borran aquella imagen suya,
que marcó la historia nacional
con una presencia femenina tan ágil y fulminante
como la del más pendenciero,
el que se erigió en símbolo,
sólo para descender
por la escalerilla del avión
y quedarse estancado para siempre
en la sala de espera de la grandeza.

Dora María salió del recuerdo airosa y alzada en andas
sobre los brazos que de nuevo la reconocieron,
o sobre los que, sin haberla conocido,
le encontraron el parecido indiscutible
con la heroína aquella de los cantares de gesta
cuyos ecos verdaderos son como heridas viejas
que duelen cuando el corazón humedece;
esas líricas canciones prediciendo el claro porvenir
que aún da vueltas sin amrras por el cielo
como un amanecer a tientas.

Tuvo que salir ella a llamarlo al descampado
urgirlo a que se posara en el mero centro de nuestra ciudad
en la guerrilla de su hamaca maltrecha
en el candil de su hambre
a señalar el camino que hemos de andar de noche
para entrar a saco
al día de nuestra esperanza postergada.


28 de junio 2008



miércoles, 21 de mayo de 2008

Ecología .- Gioconda Belli




Agua
La brisa
Ha perdido
Su Norte
Y se desliza
En manada
Desde los manantiales
Y pozos
Del cielo.

Estoy
En un mundo
Que silenciosamente
Se agota
Que muere
Como un niño
Desvalido
Sin nadie
Que
Lo
Acune.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Tan lejano el amor.- Gioconda Belli


Tan lejano el amor
Como si una parte de mí hubiese
escogido el silencio

y se acurrucara en él
con los ojos cerrados.

.
Oigo halagos, promesas, incitaciones
como si fuesen dirigidos a otra mujer.

La que soy se guarda

atrincherada en torre de marfil.

Como la pastora Marcela:

Fuego soy apartado y espada puesta lejos.
.
¿De qué heridas convalece mi corazón que yo no sepa:

huidizo, retrechero, un molusco sumido en concha nácar

que se esconde del mar, harto del agua?

Floto sobre la vida donde otrora me sumergiera
descreída quizás, de regreso a las ilusiones

o simplemente sabia al fin,

conocedora de los límites de todo

sin tristeza pero sí rabia y dolor

ante la creciente acechanza de la muerte.

.
¿Por qué si avanzo al inexorable fin

no me da por retar las escritas prohibiciones
y pescar sin descanso en el río de la vida

de camino hacia el mar?

.
¿Por qué opto más bien por este recogimiento de eremita
y con el capuchón, las sandalias, la lámpara de aceite
vago los días y las noches
como vestal enamorada nada más

del resplandor que brilla en las palabras

los anaqueles llenos de libros en mi casa
la lista inagotables de títulos
para la que nunca hay, ni habrá

tiempo suficiente?
.
De lejos me pasa el amor.

El cuerpo a mi lado o los que se acercan peligrosamente
han perdido la fascinación de antaño

son las horas solas de la madrugada las que me consuelan
ahora

las que me abrazan
las que nada me demandan

las que me aceptan.

.
Ese es el tiempo en que estoy.

Este es el tiempo que quiero.

.
Y sin embargo

aquí escribo
mi desconcierto.

.

Tomado de "Fuego soy apartado, y espada puesta lejos"

Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla, España, 2006 .

.

miércoles, 3 de octubre de 2007

Fragmento de "El pergamino de la seducción". (Historia de Juana de Castilla).- Gioconda Belli

Iba yo mirando el agua, pensando en la ballena de Jonás como la metáfora del recinto donde me ocultaba cuando la vida me hundía en sus profundidades, cuando percibí el desasosiego del mar. Se había puesto muy yerto, como si el alma lo hubiese abandonado. Más que navegar, la Julienne parecía suspendida sobre la superficie del agua, las velas fofas y tristes. El aire denso pesaba como un fardo. El cielo plomizo y opaco, imperturbable desde que dejamos Flesinga, reverberaba con un brillo amenazante como si alguien tras la bóveda celeste estuviese derramando plata líquida. Aunque el espectáculo era hermoso, pensé en un asesino enfundándose guantes de satén. Viene tormenta, musité. Un viejo marinero que a desgana amarraba jarcias cerca de allí, miró al cielo y asintió con un gruñido. Y de las malas, dijo.

A las tres de la tarde se ocultó el sol. El mar y el cielo iniciaron su ritual de batalla. El viento dejó su escondite y se puso a aullar como lobo desterrado. Las olas alzaban sus brazos contra la oscuridad que nos envolvía. Bajé a mi recámara, me persigné y me encomendé a Dios, ya sin la angustia de la premonición y la espera. No tenía más oficio que rodar con la tormenta. Nunca un rey o una reina, que yo supiera, había sucumbido en un naufragio y no seríamos nosotros los primeros. Pero así como yo me situé más allá del miedo, todo el pasaje se entregó a él. Pálido como un cirio de pascua llegó Felipe a mi camarote y me sacó a jalones hacia el cuarto común donde se apretujaban damas, caballeros y nobles, con caras de ratones rodeados de gatos.